
-¿Y esta flor? – preguntó a su bailarina mientras observaba la seca pero de porfiado color flor, que el libro guardaba cual tesoro escondido. Ella lo miro y le sonrió como siempre lo hacía.
-Es un regalo de mi primer amor- le dijo tranquila mientras acariciaba la oscura cabellera de su amante
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Por fin la habíamos convencido, mi hermanita no quería siquiera pensar en estar en la misma habitación que tú, pero esa noche, la duda, los celos y la presión impuesta por Alex y por mí la habían llevado a la casi mansión de mi querido amigo, estaba nerviosa pero lo ocultaba mejor que en otras ocasiones. Hablábamos los tres tranquilos en la sala principal, casi como en los viejos tiempos. El timbre sonó. Eras tú sin duda. Entraste por la puerta, no puedo explicar la reacción de mi hermana al instante en el que tus ojos melosos se fijaron en ella, parecías nerviosa también, pero no se comparaba con la mirada desorbitada de mi hermana, y como con la quijada abierta a la par de cómo me miró segundos después no pudo más que causar una incontenible risa en mi. Me miraste. Me sonreíste.
Mi hermana se comportó de manera extraña toda la noche, tú estabas preciosa como siempre, Alex todo un caballero y yo… yo tratando de no perderme en tu presencia. Cuando la cena terminó. Cuando las tenciones se veían opacadas por la satisfacción de un estomago lleno. Cuando en un descuido rosé tu mano con la mia. Me miraste. Me sonreíste.
-Ian, ven un segundo- Caí duramente contra la realidad cuando Alex me llamó serio, mientras se retiraba hacia el balcón y las preguntas creadas por mi sentimiento de culpabilidad inundaban mi mente. Le seguí simulando normalidad. Él con gesto preocupado me habló en voz baja pero firme- Ian… estoy preocupado… por Dina- sentí revitalizarme con sus palabras, debía parar de preocuparme innecesariamente. Después de todo no había hecho nada malo.
-¿Pero que te preocupa?- inquirí curioso
-¡Su actitud!- dijo asombrado de mi despiste.
-Es normal que esté celosa, sabes bien que siempre te quiso mucho…- le dije indiferente, su mirada se desvió hasta la mesa, donde parecía que una batalla campal estaba a punto de desatarse, estabas hablando con mi hermana, más nunca me enteré que charla podría haber sido causante de tal tensión.
-No creo que sea solo eso…- Concluyó Alex dándose por vencido con migo. Volvimos a la mesa. Me miraste. Me sonreíste.
Luego de la plática que habías tenido con mi hermana, en una forma extraña e incompleta, las cosas parecían haberse calmado. La noche terminó. Un taxi te llevó a tu casa, otro a nosotros, y en el trayecto no pude evitar preguntar.
-¿Y qué piensas ahora? ¿Finalmente has comprendido? – Mi hermana me miró arqueando una ceja- ¿has comprendido que Alex está completamente enamorado de Noemí?- le dije sintiendo el dolor de cada palabra. Me miró. Me sonrió.
-Mí querido hermano… ahora pienso más que antes- las escuché atento- y sí, finalmente comprendí – hizo una pausa con gesto de fastidio- comprendí que Noemí no lo ama- sentenció descarada y altanera- y comprendí que no es momento de darme por vencida, de negar mis sentimientos- me retaba con la voz temblorosa- ¡Comprendí que no voy a darle la razón jamás a personas como tú que se ríen y me dicen que no es más que un amor platónico!- terminó enojada. Yo me quedé pasmado, habíamos llegado a nuestra casa, pero me quedé en el umbral de la puerta, mientras ella entraba agregando- jamás vas a entender los sentimientos que tengo, además…- me miró con picardía- esa chica está loca- Yo simplemente mudo, ya no la escuchaba, sentía mi cabeza explotar, mis sentidos aturdidos y todo eso causado por un pequeño e insolente rayo de esperanza que sus palabras me habían dado. Tomé esa flor que tanto cuidaba en mi jardín y corrí.
Corrí a todo lo que daba mi cuerpo, estaba llegando a tu casa, no podía detenerme ¿Qué hacia? ¿En qué pensaba? Solo en ti. Toqué al timbre de tu puerta. Tardaste eternos minutos en abrirme. Cuando finamente lo hiciste me quedé nuevamente mudo, mudo con una flor un mis manos… Me miraste. Me sonreíste. Te besé.
Sí, te besé, tímido pero seguro, sereno pero apasionado, suave pero agresivo. Tú… tú mi hechicera no me rechazaste, te dejaste guiar por mi beso como si lo hubieras estado esperando por años, tú me dejaste probar esa poción envenenada y dulce que eran tus labios… Por unos minutos nos alejamos de la realidad…
Me separaste con brusquedad, sentía el veneno correr por mis venas, y quería más, pero divertida me quitaste la flor y cerraste la puerta dejándome sólo del otro lado ¿era un juego para ti?
Romance. Fragilidad. Pasión. Esa noche una Azalea fue la única testigo de nuestra traición.
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Bueno, como verán la cosa va tomaaaando color jojojojo
en este cap arranca el "quilombo"
espero que le hay agustado! :-)
Gracias por leerme! :ña: