Había pasado un día totalmente exhaustivo, las piernas le temblaban al caminar sintiendo el peso sobre sus hombros de las locuras de su hermana… o el peso de el mundo que era prácticamente lo mismo. Pero al fin llegaba, a ese complejo de departamentos donde estaba su poco silencioso pero querido hogar, el lugar tenía una galería principal pasando la entrada donde podía disfrutar de mullidos sillones que adornaban el lugar junto a un par de plantas; sin importarle el resto del mundo decidió dedicarse solo unos minutos específicamente para ella , se desplomó sobre el primer asiento que encontró, pero la comodidad no se consigue tan fácil… estiro las piernas, las movió para un lado, para el otro, se puso de costado y nada… cuando estaba por rendirse ¡sucedió!: encontró esa satisfacción que hacía mucho no conseguía con la espalda levemente curvada, las rodillas en alto y los pies delicadamente apoyados en el borde del tapizado del sillón. Suspiró aliviada mientras envolvía las rodillas con sus brazos y apoyaba su sien, sintió un hormigueo relajante… hasta que una chillona voz resonó a su diestra.
-Baje los pies del tapizado nena- disfrutando del entumecido y efervescente hormigueo se dignó a ignorar la voz, solo quería unos segundos de tranquilidad… que fue nuevamente interrumpida por la misma voz… un tanto amenazadora- bajá los pies del tapizado nena- lentamente giró su rostro hasta encontrar su cansada y sumisa mirada con la de la anciana del 4b- ¡Que el tapizado es nuevo!- exclamó alarmada la mujer, y mientras ella trataba de mantener la cordura olvidó mantener la boca cerrada.
-¿Entonces si son viejos si los puedo pisar?- le respondió con sarcasmo y cara de nada.
-¡Por supuesto que no!- sentenció la señora ahogada en un quejido.- ¡Nena! ¡No pises el tapizado que es nuevo!- repitió levemente enervada. Ella suspiraba sin moverse un solo milímetro, ni siquiera Jensen Ackles* podría hacerla mover en ese momento… bueno quizás él si…
-Seguimos con lo mismo…- dijo por lo bajo para luego dirigirse con calma pero sin ánimos festivos- Señora: apenas estoy apoyada y solo necesito unos minutos de calma, si fuera tan amable de no regañarme podría tenerlos e irme… sin olvidar limpiar el tapizado.- finalizó con un suspiro recuperando levemente la compostura al quedar satisfecha, ya que la octogenaria no respondía… pero por supuesto… esa satisfacción duró poco…
-Pero se ensucia ¡y después la gente se sienta!- Con una leve arqueada de cejas y una mención mental a su querida madre nuestra heroína le responde… pero ya sin suavizar el tono de su voz
-Le dije… que luego… lo limp…- hablaba pausada y prácticamente silabeando cuando fue interrumpida.
-¡Bajá los pies!- bramaba resonante. Los brillantes y verdosos ojos de la pasada-de-época mujer, mientras personas de la zona escuchaban el ahora griterío y se acercaban curiosas.
-¡Señora! Deje de molestarme por favor- esa era la última advertencia de su paciencia.
-¡Mocosa insolente! ¡Que arruina la propiedad pública!- le reclamaba amagando con su bastón y dando algún que otro sutil empujoncito con este.
-¡Deje de apuntarme!- se queja molesta atajándose con los brazos.
-¡Pero estás pisando el tapizado!- …………. Y si…. Sucedió… justo cuando más gente poblaba el lugar… justo cuando estaba demostrando que era una persona madura y pacífica… sucedió…
-ME IMPORTA UNA MIERDA EL TAPIZADO- alcanzó a exclamar sintiendo un gozo inexplicable. Nuestra pobre dama mayor notó como se le crispaban los blanquecinos cabellos al escuchar las atrevidas palabras y le empezó a pegar con el bastón en la rodilla como defensa… a lo que los reflejos, para nada gatunos y mucho menos precisos, de nuestra adolescente-delincuente no tuvieron mejor idea que tomar el bastón con brusquedad y… lanzarlo a unos cuantos metros, y como si el universo se hubiera confabulado en su contra se escuchó el sordo y agonizante sonido de su gato que alucinaba luego de tremendo portazo que había recibido.. si nunca tenía puntería, hoy era el día de alineación planearía que le permitía ser la mejor lanzadora del mundo. Siquiera se detuvo a ver a su felino o a prestar atención a los asombros espantados de los vecinos. Solo resonaba en sus sentidos la sobreactuada presentación de la ahora asmática mujer que gritaba y exclamaba mientras parecía simular un ataque cardiaco. La gente la miraba… la gente la acusaba… la gente la instigaba señalándola acusadoramente con el dedo… Totamente encabronada por la actitud de la anciana de sube en la reposera y empieza a pisotear el bendito-tapizado frenética – ¡Mire! ¡Mire como lo piso! ¡Me ***** en el ***** tapizado y en ***** **** ***** y la que **** y ***** que**** ****** ***********************, ***** la ***** ********* ********** **** * * ************** ***** y la de su madre también!
Mientras ella se encargaba de recordar todo el árbol genealógico de la dama y sacaba a relucir su elocuente y centelleante vocabulario, se escuchaba una ambulancia de fondo que rápidamente socorría a la señora. Entonces sintió una firme mano que la retenía por el hombro deteniendo los furtivos saltos, volviendo a la realidad y topándose con un uniformado oficial que la guió bruscamente hacia su coche apresando sus muñecas con un oxidado par de esposas…
*Actor