
-¿Podrías al menos intentar o simular que te concentras? – Agatha estaba
conteniéndose de no cometer homicidio o suicidio. Mientras la rubia suplicaba
con la mirada.
-Bueno pero dame un descansito…- le rogó recostada sobre las carpetas
fregándose las cejas.
Agatha había llegado a altas horas de la mañana, y con su gran paciencia y
serenidad se había pasado prácticamente media hora tratando de despertar a su
amiga, y con una sonrisa, forzada y sufrida, había esperado a que se levantara,
bañara, desayunara, peinara, y demás detalles insignificantes pero que pesaron
en la impavidez de la morena, que había tratado de distender hojeando uno de
los libros de su amiga que le llamó la atención.
Ahora estaban sentadas y enfrentadas en la mesa marmolada del estudio que en un
tiempo había sido del abuelo y que ahora, tal y como se podía observar, con
papeles y libros esparcidos por el lugar, era de Nicole.
-Mira recién son las 10:00- Comentó mirando su reloj, haciendo alusión, a lo
que, para ella era temprano.
-¡¿Tan tarde?!- Agatha se calmó a si misma y contó hasta diez,
literalmente.-Últimamente estas distinta Nicky- Le dijo comprensiva, la rubia
la miro sin comprender del todo- por ejemplo, antes estabas siempre pendiente
de la hora, al día con las tareas y chismes- empezó a enumerar. Nicole la
miraba y se sonreía, era cierto, últimamente estaba muy distraída.
-Hola linda, hola Agatha- Le sonrió a las chicas mientras entraba en la sala
impertinente.
-Bueno días Zafiel- le respondió atenta la morena.
-¿Qué quieres?- masculló Nicole simulando concentrarse en el libro que tenía en
sus manos. Zafiel no se molestó en responderle.
-¿Estudiando?- Le preguntó a Agatha
-Es obvio- alegó petulante la rubia.
-¿Quieres sumarte a nosotras?- le invitó Agatha
-Gracias, no lo necesito- le guiño un ojo
-Pero que engreído- rió Nicole revoleando los ojos.- Tendrías que aprender a
tomarte las cosas con un poco de seriedad- agregó. Agatha arqueó una ceja
asombrada por el descaro de su amiga.
-¡Pero mira quien lo dice!- Agatha ya se había relajado y rendida había optado
por reírse en vez de llorar. Nicole le sacaba sutilmente la lengua, mientras el
peligris era espectador de una normal mañana de estudio.
-Haber quiero pruebas- Le desafió la rubia, Agatha se quedó pensando por unos
segundos.
-¿Cuántos libros te has leído desde que tenés conciencia?- Pregunto
-¡Pff! ¡Un montón, cientos!- exageró orgullosa.
-y de todos esos… ¿cuántos leíste enteros?- la rubia se sonrojo
-Unos... dos o tres…- admitió- ¿pero qué tiene que ver?
-Que si no podes hacer algo tan simple como terminar lo que empezás no podes
andar criticando a los demás por ser “poco serios”- remató la morena ganando la
cruzada. Zafiel se rió descarado.
Se sintió la campanilla del timbre sonar, y el instinto curioso de Nicole hizo
que se apurara en escabullirse hacia la puerta a ver quien era.
-¡Huye cobarde!- le dijo con fuerza, una animada Agatha.
Nicole abrió la puerta, y sin dudas nada la había preparado para lo que tenía
ante sus ojos, y que ahora la estrujaba levantándola unos centímetros del piso.
-¡Aaron!- asfixiada pero contenta le devolvía el abrazo a su hermano mayor.
-¿Cómo está mi hermana preferida?- finalmente habló sin soltarla del todo y con
una reluciente sonrisa. También era rubio pero de un tono mucho más oscuro y
sus ojos eran marrones y brillantes.
-Bien… y soy la única hermana que tenés…- comentó Nicole
-Si, y mi preferida- ante tal dulce mirada Nicole nunca pudo reprochar nada, si
existiesen los hermanos perfectos, Aaron sería lo más cercano a uno de ellos,
siempre la había cuidado, ayudado, acompañado y mimado, era maduro y sincero.
Nicky lo abrazó de nuevo pero esta vez sin tanta efusividad asfixiante.-
¿sabías que estás preciosa?- agregó con un dejo de hiperactividad en su voz,
era el más parecido a su madre en lo que a espontaneidad compulsiva refería. La
rubia rió alagada.
Su abuelo apareció caminado pasivo por la puerta del salón de entrada.
-Que gusto que estés aquí mi niño- dijo el anciano
-… ¿Cómo supiste… que era Aaron?- preguntó Nicole, un poco desconfiada.
-Yo se lo dije señorita- Agregó William que entraba también y saludaba
atentamente al invitado. Su abuelo solo se carcajeaba.
Al ver que Nicole no volvía Agatha y Zafiel decidieron ir a husmear, al verlo,
ahí parado, en todo su esplendor, la morocha costosamente disimuló su rubor, se
irguió acomodó su cabello con delicadeza y se alisó la ropa para adentrarse con
el porte de una modelo en la sala. Zafiel no podía creerlo, se aguantaba a más
no poder el desternillarse de la risa.
-Ustedes las féminas, son muy interesantes- le susurró antes de acompañarle.
-¡Agatha! ¿Cómo está mi otra hermanita preferida?- La abrazó con la misma
efusividad que lo había hecho con Nicole, su ropa se arrugó, su pelo se
despeinó y envuelta en una nube rosa de pensamientos utópicos, se dio cuenta de
que seguía siendo su amor absurdo.- Y vos debes ser el inquilino del que mamá
me habló.- Cambió rotundamente de tema y de tono de voz, examinando a Zafiel.
-Encantado de conocerte- Le extendió su mano formal, y fue aceptada.
-Mi madre me lo contó todo… yo…- Aaron carraspeó su voz- dejo a mi hermanita en
tus manos- declaró tomándolo por los hombros como si de una misión de vital
importancia se tratase.
-Genial… otro más- dijo Nicole con sarcasmo, acomodando con desgano su
flequillo a un lado.
El estudio planeado, había quedado en el olvido, estaban todos muy entretenidos
con Aaron que había aprovechado la oportunidad para tomarse un día libre,
buscaría a su hermano para llevarlo con él a su departamento por un tiempo,
luego de almorzar, les invitó a que le acompañaran a buscar a Sean, los tres
aceptaron.
Luego de una placentera caminata llegaron donde Sean perezoso y un tanto
alterado no quería irse.
-¡¿Pero porqué estas tan caprichoso?!- Nicole se estaba cansando de la actitud
de su hermanito.
-Que te importa, no me voy ¡y listo!-Declaró terco y rebelde
-Creí que querías venir con migo…- se desilusionó Aaron. Sean rascándose la
cabeza buscaba la forma de expresarse.-Bueno pero no podes quedarte solo en
casa.
-So…solo… Nooo, no me dejen solo- Se daba cuenta de sus alternativas y en una
gran confusión que invadía su mente de pre-adolescente. El cuarteto se miraba
entre sí extrañado.
-Eres raro- Comentó Agatha, cual puñalada de hielo, con una sobria voz.
-Agatha…- Sean reacciono, estaba actuando muy infantil; terminó de juntar sus
cosas- bueno discúlpenme, estoy un poco nervioso- se calmó.
-Ya, en el camino me cuentas porqué- agregó Aarón mientras lo ayudaba con un
bolso y Zafiel con el otro.
Emprendieron el recorrido al metro, Sean le comentó serio y sin ocultar su
preocupación, que hacía un tiempo había empezado a sentir que lo perseguían y
que se estaba topando muy seguido con un niño que según él era muy sospechoso.
Todos rieron estrepitosamente.
-¡Nenita miedosa! Jajaja- se burlaba Nicole-
-Qué hermana más comprensiva- susurró Zafiel sin pasar por desapercibido para
la rubia, que aclarándose la voz trató de aguantarse la risa.
-Bueno, bueno, ¿y cómo es el niñito ese?- preguntó curioso Aaron.
-Mmm… tendrá unos seis años, tiene el pelo gris y lo curioso es que los ojos
son también grises y muy claros- Nicole paró en seco por un segundo. Agatha fue
la única que se detuvo a esperarla, Aaron se quedó pensando, Zafiel seguía
escuchando atento.
-¡Ya recuerdo!- interrumpió el hermano mayor.- Cuando era chico también veía a
un nene así pero con el tiempo lo olvidé, siempre pensé que era mi amigo
imaginario o algo por el estilo- comentó divertido. Sean le miró dudando que no
estuviera mofándose de él.
-Yo… también…- dijo Nicole por lo bajo.
-¡Claro! ¡Búrlense!- eran demasiadas confidencias, haciéndose el ofendido, Sean
se adelantó unos pasos. Zafiel se divertía y Agatha estaba atenta a la
confusión que empezaba a apoderarse de su amiga.
-No me burlo, el abuelo me decía que era mi angelito guardián- dijo recordando
conmovido Aaron.
-Si, si, seguí burlan…- Se quedó pasmado, ya estaban cerca de la estación del
metro, y pasaban por un pequeño parque, donde en toda su inocencia un grupo de
pequeños jugaban abstraídos.
-¿Qué pasa Sean?- le preguntó Agatha. Su respuesta fue solo señalar con el dedo
a uno de los niños. Todos instintivamente miraron.
-¡Ése es! ¡El acosador! ¡Se los dije!- Sean estaba enloqueciendo de los
nervios.
-Qué miedo, un nene de seis años te persigue- se volvió a burlar Nicole
ocultando el escozor que ella también sentía. Zafiel se adelantó unos pasos y
le llamó.
-¡Hey! ¡Niñito!... ¡el de Blanco!- Le llamaba haciéndole ademanes con las
manos, el pequeño, dándose por aludido, se sacudió las manos llenas de arena y
moviendo sus piernitas lo más rápido que pudo se acercó al grupo.
-Hola-les sonrió con dulzura, Agatha se sonrojó dando un paso hacia atrás.
-Ese niño es…-con los ojos abiertos de par en par, la morocha suspiro-… es una
ternura- le susurró a Nicole todavía ruborizada, la rubia se sonrió con la
actitud de su amiga.
-¿Qué hacías?- inquirió Zafiel
-Pos… juego- explicó como si fuese algo obvio...
-¿Porqué me seguís? ¿Qué quieres de mi?- se exasperó Sean, los infantes no eran
su fuerte. El niño lo miró como si de un sin comprender.
-¿No será que eres tu el que se mete en mi camino?-le respondió
tranquilo y travieso.
-Mocoso…- Sean se contuvo.
-Bastante atrevido…- dijo Aaron divertido.
-Sigue siendo una monada- susurró Agatha aún encantada. El pequeño miró a la
rubia y le sonrió
-¡Hola!- le saludó efusivo, Nicole estaba hecha un lío le respondió el saludo
con la mano.- ¿Estas mejor? – le preguntó curioso y la rubia sintió que se le
escapaba el aire, sin poder creer que el niño con el que soñaba fuera real.
-¡¡No se a que estás jugando, pero deja de seguirme!!- interrumpió gritando
Sean, calmado pero molesto. Los prácticamente plateados ojos del chiquillo se
iluminaron por lágrimas que amenazaban con escaparse.
-No me grites…- sollozó el crío, todos miraron a Sean reprobantes.
-Ya, ya…- se intentó disculpar.
-¿Quién eres?- se animó a preguntar Nicole tratando de disipar algunas dudas.
-Yo…- se hizo el misterioso- ¡soy un ángel!- alegó haciendo una pose de
superhéroe. Todos rieron ante las morisquetas.
-¿Y los ángeles juegan en los parquecitos?- le preguntó Aaron siguiéndole el
juego
-Sip- respondió inocente
-Ya… ¿y dónde están tus alas?- siguió el rubio. El pequeño se sacó el buzo
blanco que tenía puesto, debajo llevaba una remerita gris, se dio vuelta y
señaló su espalda.
-Ahí- todos miraron atentos, tenía dibujadas dos alitas de caricatura en el
dorso de su remera. Los demás chicos que estaban en el parque lo llamaban-
bueno me voy a jugar- sin más se alejó poniéndose a duras penas su sudadera y
se despedía animado de los chicos. Dejándolos solazados y expectantes. Zafiel
fue el primero en reírse.
-¿Y esa era tu gran amenaza?- Inquirió Aaron sin saber qué hacer con su
hermanito, que estaba furibundo.
Siguieron su camino, habían adelantado unos cuantos metros y Agatha se había
encargado de cambiar de tema. Sin saber porqué Nicole se dio vuelta, centró su
vista en el pequeño que jugaba cándido con los demás niños, entonces cuando el
tiempo pareció detenerse a sus pies, se dio cuenta de que una enorme luz
rodeaba el lugar, fijó mejor su vista, parecían la proyección de dos enormes
alas de luz que protegían cálidamente el lugar, esa luz se fundía en el niño.
Se asustó, no podía evitar el miedo que sentía ante tal rareza y al mismo
tiempo la calma reinaba, el pequeño la miraba y le sonreía. Pestaño. La luz no
estaba.
-¡Vamos hermanita!- Aaron le hizo reaccionar, se acomodó el pelo detrás de la
oreja suspirando confundida y auto convenciéndose de su locura, sin querer
entender que estaba pasando. Les siguió enajenada.
hoy primero de marzooo el cap número 9!
y ahora si... esta declarado.. que:
-o la fantasía se mesclo con la realidad
-o Nicole esta muyyyy loca
-o vuestra escritora debe dejar de redactar a altas horas de la noche intoxicada por medicamentos
gracias por leerme!